¿Merece la pena visitar el Museo del Tesoro Real?
Nada en la entrada te prepara para ese momento en el que las puertas de la cámara acorazada se abren y la luz ilumina de cerca el oro, la plata y las piedras preciosas. Las habitaciones son silenciosas, están muy bien controladas y resultan sorprendentemente íntimas, así que no estás contemplando el mito real desde lejos, sino que estás justo delante de los objetos que lo encarnaban.
El museo se creó para que, por fin, las joyas de la corona y el tesoro real de Portugal se pudieran ver en público. Dentro de la cámara acorazada del Palacio de Ajuda, construida expresamente para este fin, la colección es como un resumen de la historia de la monarquía, la ceremonia, la diplomacia y la riqueza imperial.
Lo que se queda grabado es el contraste: objetos deslumbrantes expuestos en un espacio que parece casi clínico, lo que hace que cada corona, cada medalla y cada centro de mesa de plata parezcan aún más irreales. Al salir, te habrás dado cuenta de cómo se escenificaba, se lucía y se exhibía el poder.
{skip} si: no te gustan los controles de seguridad, los espacios cerrados de las galerías o tienes menos de una hora libre.
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