La Torre de Belém fue encargada por el rey Manuel I y construida entre 1514 y 1520, justo cuando Portugal estaba en pleno apogeo de la Era de los Descubrimientos. Piensa en ella como el principal orgullo del reino, una fortaleza de piedra que custodiaba el Tajo y que, en esencia, gritaba «los mares son nuestros» a cualquiera que llegara a Lisboa. Un movimiento emblemático.










