El Palacio da Pena fue un monasterio del siglo XVI que quedó en ruinas tras el terremoto de Lisboa de 1755. En el siglo XIX, el rey Fernando II, de origen alemán, lo compró, transformó el convento en ruinas y convirtió la cima de la colina en una escapada real de verano, con lo que el antiguo lugar religioso pasó de ser un monasterio fantasma a una fortaleza de fantasía.